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| Disfrutar con la buena música es un placer universal pero sufrir alucinaciones musicales provocadas por nuestro cerebro puede convertirse en un obstáculo para llevar una vida normal. |
Las alucinaciones musicales: qué son y cómo se producen
Ocultadas durante mucho tiempo como una
consecuencia de la demencia senil o directamente relativizadas en su
importancia por el propio paciente, las alucinaciones musicales
son un trastorno mucho más extendido de lo que suele pensarse. Este se
produce cuando una persona oye un sonido (una nota musical) que no se
está produciendo externamente, esto es, que ha sido ‘creado’ autónomamente por su cerebro.
Aunque no está del todo claro el proceso
neurológico que conduce a este trastorno, está corroborado
empíricamente que las alucinaciones aumentan exponencialmente a edades avanzadas.
Se trataría de un síntoma más del envejecimiento, produciéndose un
fallo en las redes cerebrales que hace al paciente oír algo que solo
existe en su cabeza. También pueden darse a edades más tempranas fruto
de un episodio traumático o de un deterioro neurológico producido por
otra enfermedad. En los casos más graves, es posible llegar a padecer
alucinaciones musicales y visuales.
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| Alucinaciones musicales: un verdadero problema |
Oliver Sacks y los trabajos científicos sobre las alucinaciones musicales
De un tiempo a esta parte, la
proliferación de casos de alucinaciones musicales (o, mejor dicho, su
mayor conocimiento por parte de la comunidad científica) ha motivado
distintos trabajos encaminados a descifrar el origen
del problema y buscar soluciones paliativas. Uno de los investigadores
más reputados en este campo es el neurólogo Oliver Sacks, autor de un
completo estudio realizado sobre ocho casos reales de pacientes.
El trabajo de Sacks consistió en situar a
los pacientes, la gran mayoría de los cuales eran músicos
profesionales, frente a partituras completas de obras poco conocidas.
Siete de los ocho sujetos no fueron capaces de distinguir las partituras
con precisión, viéndolas como si se tratara de una pintura abstracta.
Con este experimento, se trataba de probar la relación entre la
aparición de las alucinaciones y la formación musical de los afectados. No obstante, Sacks comprobó para su sorpresa que esto no siempre se cumplía.
La única paciente sin formación
específica como músico reveló que escuchaba distintas notas musicales
cuando tenía fiebre. Una conclusión chocante porque suponía que una
persona sin estudios en este ámbito padecía alucinaciones propias de
profesionales. Finalmente, se dedujo que, si bien es más probable que un
músico desarrolle esta patología, las personas no vinculadas al mundo
de la música también pueden sufrir el trastorno ya que
entra en juego la parte de su cerebro encargada del reconocimiento
espacial (no es necesario reconocer las notas para imaginárselas).
Más allá de la enfermedad
No puede negarse que cualquier trastorno neurológico, ya sea más o menos agresivo y recurrente, afecta en distinta medida a las actividades cotidianas
de la persona afectada. Desde luego, la presencia de una nota musical,
por agradable que pueda ser en otro contexto, dificulta el llevar una
vida normal. No obstante, ni siquiera las alucinaciones musicales pueden
condicionar nuestro estado de ánimo.
La música nos regala momentos maravillosos,
algunos de ellos verdaderamente indescriptibles. Si la persona afectada
ha sido músico sabe mejor que nadie a qué nos referimos. Aprender a
convivir con las alucinaciones puede ser un reto, una suerte de desafío
planteado por nuestro cerebro y que no puede hacernos llegar a detestar
aquello con lo que tanto hemos disfrutado. El tesón personal y el apoyo
de los seres queridos nos ayudarán a ver más allá de la enfermedad.



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