Estudiar este arte favorece el neurodesarrollo. Los expertos creen que ayuda también al tratamiento de menores con TEA o TDAH
La música puede ayudar a tratar los trastornos del espectro autista (TEA) y los trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños, así lo concluye la Sociedad Norteamericana de Radiología (RSNA, por sus siglas en inglés). Una característica más de este arte. Según estos expertos, que los pequeños reciban clases de música incrementa y crea nuevas conexiones cerebrales y “puede facilitar los tratamientos en niños con estos trastornos”. “Ya se sabía que la música era muy beneficiosa, pero este estudio ofrece un mejor entendimiento sobre qué está ocurriendo en el cerebro y dónde se producen estos cambios”, asegura Pilar Dies-Suárez, jefa de radiología en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, en un comunicado. "Experimentar la música a una edad temprana puede contribuir a un mejor desarrollo del cerebro, a la optimización de la creación y establecimiento de redes neuronales y a la estimulación de las vías existentes del cerebro”, añade la experta.
Estudios anteriores ya hablaban de los beneficios de la
música en el desarrollo cerebral. Por ejemplo, uno elaborado por el
Instituto de Aprendizaje y Neurología de la Universidad de Washington
(Seattle, EE UU) y publicado National Academy of Sciences
concluyó que “ciertas melodías mejoran el procesamiento cerebral de
pequeños de nueve meses, tanto en lo que se refiere a la música como a
nuevos sonidos del habla”. La investigación sugería “que experimentar
patrones rítmicos musicales mejora la habilidad de detectar y predecir
patrones rítmicos del habla. Esto significa que escuchar música en
edades muy tempranas puede tener un efecto global en las habilidades
cognitivas de los bebés”, aseguraron los autores.
La importancia de las conexiones cerebrales
Esta última investigación de la RSNA, consistió
en el análisis de 23 niños sanos de entre cinco y seis años, todos
libres de trastornos sensoriales, de percepción o neurológicos. Además,
ninguno había asistido a clase de música con anterioridad. Los sujetos
se sometieron a una evaluación, previa y posterior, con una técnica de
resonancia magnética avanzada -una tractografía-, lo que les permitió
identificar los cambios microestructurales en la materia blanca del
cerebro. Esta última contiene millones de fibras nerviosas -los axones-
que trabajan como cables de comunicación entre distintas áreas del
cerebro. El resultado pudo medir el movimiento de las moléculas de agua
extracelulares a lo largo de estos axones. Desde el punto de vista de
salud, todo es normal cuando estas células de agua se mueven de forma
uniforme, en cambio, cuando estas lo hacen de forma aleatoria, sugiere
que existe algo anormal.
Tras nueve meses de estudio con clases de música, los resultados
mostraron un incremento de las conexiones y de la longitud de los axones
en determinadas áreas cerebrales, sobre todo “y de manera más notable
en las fibras que conectan los lóbulos frontales y que en conjunto
constituyen el llamado fórceps menor".
“A lo largo de la vida”, prosigue la experta, “la maduración de las
conexiones cerebrales entre las regiones motoras, auditivas y otras
zonas permiten el desarrollo de un gran número de habilidades
cognitivas, entre ellas, las habilidades musicales”. “Cuando un menor
recibe clases de música, su cerebro se prepara para responder a ciertas
demandas, estas incluyen habilidades motoras, auditivas, cognitivas,
emocionales y sociales”, añade Dies-Suárez. “Creemos que el aumento es
debido a la necesidad de crear más conexiones entre ambos hemisferios
cerebrales cuando escuchas música”, concluye.
Ayudar a los niños con TEA y TDAH
Los investigadores también creen que “los resultados del estudio
pueden servir para incidir con más precisión en las estrategias de
tratamiento en niños con TEA o TDAH”. Unos trastornos que afectan a
muchos pequeños en el mundo y en España. Según la Organización Mundial
de la Salud (OMS), 21 de cada 10.000 niños que nacen en el planeta
padecen autismo, cifras que llevaron en 2008 a declarar el 2 de abril
como el Día Mundial de esta enfermedad. En Estados Unidos, país donde la
investigación está más avanzada que en Europa, uno de cada 68 niños
nace con TEA. Estos trastornos afectan al neurodesarrollo y se
manifiestan habitualmente en los tres primeros años de vida de un niño.
Los bebés con el trastorno pierden el contacto visual, en ocasiones
parece que no oyen y tienen algunas hipersensibilidades o cogen rabietas
excesivamente fuertes. Una conducta muy característica de los niños
aquejados por este trastorno son los comportamientos repetitivos.
En cuanto a las cifras de TDAH, este trastorno afecta a entre un 2 y un 5% de la población infantil, según la Federación española de asociaciones de ayuda al déficit de atención e hiperactividad.
Se trata de uno de los trastornos más importantes dentro de la
Psiquiatría Infanto-Juvenil y constituye cerca del 50% de su población
clínica. Es un trastorno crónico y comienza a revelarse antes de los
siete años. Se estima que más del 80% de los niños continuarán
presentando problemas en la adolescencia, y entre el 30-65%, en la edad
adulta. Los chicos son más propensos que las niñas a sufrir TDAH, en
cifras que varían de 4 a uno.

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